vendredi 17 avril 2009

Maroc

Serpenteaba por allí el retumbar de los tambores como las flores de anaranjada henna sobre los brazos de las mujeres de tez oscura de la plaza, con enormes ojos saltones e intrigantes figuras escondidas tras máscaras de seda de colores y mantos negros de hermosos bordados en dorado.

Pasaban las siete en el reloj cuando ya estaba huyendo la tarde sobre el lavadero del río, donde tantos soles había compartido allí en su niñez con las compañeras de alcoba, recogiendo las más preciosas margaritas de amarillo iluminador para sus cuellos lisos y finos.

Saltaban al vuelo los insectos de la plaza deambulantes, exquisitos y sedientos de vender al mejor postor, por un precio justo, los mejores dulces recién hechos por las manos curtidas del sabio del norte, recubiertos de fina capa de almendra crujiente y envueltos en chocolate con azúcar glasé, apartando todas las miradas de desdén hacia la suculenta bandeja.



Despertaban los azulones, tonos añil oscuro, claro y claroscuro, llamando a la puerta de su vecino el blanco, impoluto, cual resultaba la combinación tan perfecta, que fueron a llamar a la discordia al verde de las montañas, impetuosas, para no dañar la perplejidad de las retinas de los viandantes.



Se iba por fin el Dios Sol, y se silencia el ritmo en las calles de esta antigua ciudad. Las manos agitadas parecen detenerse, los pasos de los burros que salen del mercado sin materias que ofrecer simulan moverse hacía atrás, se paran, se ralentizan, se congelan los dedos del cocinero de couscous de la plaza de Chaouen.
El murmullo del agua entre las viejas piedras de la montaña, mezquitas centenarias, gentes abriendo las puertas de sus casas, un paraíso perdido, bazares, ventanas enrejadas albergan sonrisas y talleres de artesanía, corre la plata y las sandalias de cuero por sus callejones escurridizos, alfombras y tapices conviviendo con jerseys de lana de oveja...

"Nosotros tenemos el tiempo. Vosotros el reloj"

Resuenan los escalofríos de las campanas del buen gusto por las cosas bien hechas, la hospitalidad, el aprecio y las mentes abiertas dan conversaciones sobre la arena de las dunas del desierto, en la ausencia de las almas más valoradas y queridas, se llenan aquí los corazones de buenos sentimientos y vida acaramelada.

El otro lado del tiempo, la cara y la cruz de un pueblo alarmantemente especial, el sabor de sus gentes, el olor de sus calles, la expresión de sus almas en sus ojos, sus sonrisas levitando y agonizando un resquicio de algo de otros, la necesidad, el atraso, el ritmo de los bereberes, el cultivo por la salud y la naturaleza, la menta fresca de los tés, el adornado estilo mudéjar, las flautas que se pierden en la noche y el compás de las chilabas y caftanes.

Encantadores de serpientes, especias y tintes al cuero, telares mano a mano y talleres para novias, miel y otros mejunjes para aliviar tensiones, es el instante que se detiene en el laberinto de ambiente medieval de Fez, por el que mis pupilas buscaban encontrarse con las tuyas, la ciudad del mundo árabe del ayer y del hoy.

Una mezcla mágica de caracteres hay sin duda en Marruecos, es el primer día o el último...
Una maravillosa experiencia cultural y espiritual gira en torno a este país, recomendable para todos aquéllos que sepan abandonar sus prejuicios y ser libres aquí, allí, allá...



mercredi 15 avril 2009

Temps


Fue...

como ponerse los zapatos nuevos pero acostumbrados al suelo y al aire,

como un bolazo de nieve,

estar allí, sentir el Sol del mediodía,

y la brisa fresca del atardecer.

Fue...

como la saliva que cae del orgasmo de las bocas entreabiertas,

como un sencillo renacer,

estar allí, sin ti, recordando el olor de tu cuello,

acariciando la distancia infinita que se cuela entre los surcos de mi saco de dormir,

pero contigo, y perpetrar las emociones como agujas de Vudú.

Fue...

como la textura de las pepitas de las fresas fuera de temporada,

como meter los dedos en agua fría,

estar allí, con otras mentes,

y compartir los segundos con otros latidos muy llenos de vida...

Sencillo



La tarde huía sin decir nada en el rojizo corazón de Teresa.

Mientras esperaba sentada al pie de la calle Mentira, observaba con curioso esmero los niños que reboloteaban a su alrededor, embadurnándose la piel de alegría y haciendo metáfora de la ingenuidad de la vida temprana, de la inocencia feliz, de las sonrisas puras...

Al poco tiempo llego Marco, justo cuando Teresa le estaba imaginando con sus manos frías, sobre lo más alto de su pecho, como aquel día en la casa del desconsuelo tardío: eran menos de las siete, diríamos que las dieciocho cuarenta de la tarde cuando los vasos de vino estaban medio llenos y el impulso amoroso supero la ficción de las nocturnidades de recuerdo y soledad, y sus labios calientes besaban las últimas décimas de fiebre de su vientre perfecto...

- Hola Marco...

Sin más preámbulos, obviando los protocolos, que poco le agradaban desde que era joven, decidió darle la llave de su tesoro más preciado. Con sus oscuros ojos saltones, disfrazados de misterio tras su halo de colorido rosáceo del mantón que le cubría la cara, con tintes seda azul añil dibujando espirales en su rostro acastañado, cogió la mano del muchacho y así le dijo:

...Aquí tienes el único regalo verdadero que, en vida, consideró oportuno hacerte; puesto que las leyes caóticas de la física entre tú y yo no conocen de los límites del dulce pastel del amor y si del roce de la locura de las carnes apretadas con sabor a naranja, de los dedos usurpando los rincones de las húmedas mañanas sin lluvia, tengo que entregarte la llave que se perdió y que espero nunca encuentres, desde lo más eterno de mi constante contradicción...

Sin mediar palabra, y con sonrisa amorosa, Marco, que atrapaba su mirada en las flores verdes de los adoquines de aquélla plaza, sólo supo que responder el trueno de la incoherencia de su interior:

- Abrazame, como si fuera ahora la primera vez, como si me quisieras hoy igual que ayer...

mardi 14 avril 2009

Nunca podré olvidarla...

Tú,

y tu mirada, brillante, achocolatada,

como la sinceridad inocente de un niño,

cálida,

como el amanecer amarillenteado entre las dunas del desierto...

Tú,

y tu mirada, clara, y limpia,

dulzona,
de origen perseverante,
cierta dureza de caracteres,
y pasos sosegados...

Tú,

y tu mirada, la que se busca con desconsuelo,

entre las callejuelas coloridas y abarrotadas,

la que se ansía bajo la Luna llena,

que se adormila sobre nuestras cabezas...

Tú,

y tu mirada, suave y tierna,

que penetra leal y fuerte,

abrumante,

invasora...

jeudi 2 avril 2009

Poesía tardía...

La última vez que pude observarte,
con tacto de dama, pasión escarmentada y capa caída,
resultabas ser un instante sencillo,
una fusión tuya y mía,
breve pero intensa,
sobre el rojo privado de mis sábanas...
¿Dónde te has metido tiempo?,
ya no encuentro las palabras adecuadas,
sólo escupo mis pasos al futuro,
inyecto dudas en mi sombrero...
En entonces cuando tu llegas,
con tu herida muda sumergida,
en el mundo cabizbajo sobre el que caminas,
y yo me marcho,
levemente mordiendo la realidad,
miramos nuestro reloj,
su tic tac no perdona ni un segundo más,
eludimos lo más hermoso del día,
y lo más jodido de la noche,
que fue tenerte,
y perderte...

mercredi 1 avril 2009

Es...

Es como la victoria del perdedor,
la poesía de los primeros auxilios,
los cordones viejos y...
...los zapatos nuevos.
Es como el acecho del aire frío en primavera,
los recuerdos cabalgando en la noche,
la batalla cristalizada de ayer y...
...las miradas de desdén hacía tu casa.
Es como el color de una barba medio castaña,
mi corazón recogido en un puño de madera,
las sonrisas carcomidas por la madre inseguridad y...
...el olor a tez dorada que aún hay en mi almohada.
Es como la baza áspera del juego del azar,
no hay rastro de tus rincones más hermosos,
ni regalo, ni reliquia, ni dos platos sobre la mesa y...
...no hay sueño por las mañanas,
hay muñeca de trapo, sin trampa ni cartón.
Es como el vaivén del camino que se bifurca,
los surcos en las escaleras de caracol,
las semillas que no florecen y...
...los ojos cerrados, los labios sellados,
los niños cantando.

El final...

Fluye a través de mi como la lluvia y no siento otra cosa que gratitud.
Siempre había oído que toda tu vida pasa ante tus ojos el segundo antes de morir.
Para empezar, ese segundo, no es un segundo en absoluto, se hace algo inmenso, como un océano de tiempo.
En mi caso, aparecía yo tumbado boca arriba en el campamento de los boy scout, mirando estrellas fugaces, y las hojas amarillas de los arces que flanqueaban nuestra calle, o las manos de mi abuela y su marchita piel que parecía papel, y la primera vez que contemple el nuevo coche de mi primo Tony, y Jane, y Caroline.
Supongo que podría estar bastante cabreado con lo que me paso, pero cuesta seguir enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo.
A veces siento como si la contemplase toda a la vez, y me abruma, mi corazón se hincha como un globo que esta a punto de estallar.
American Beauty...