De músicos flotantes, de globos circundantes, de panderetas y puestos de castañas, de fachadas con sorpresa y catedrales con rima, así se viste la ciudad homónima, artística y rústica, madre e hija de muchas plumas talentosas a lo largo de la historia.
Abanicos con forma de rana, ricas obleas en el puesto de al lado de casa, la casa donde vivimos, cucuruchos con maíz dulce, murmullos en callejuelas de pájaros invisibles, jazz en el Capitán Haddock, cerveza sin espuma, luces proyectadas amarillentas sobre nuestras cabezas y un rico halo a hierbabuena.
Estamos en la ciudad Charra, inconfundible...
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